viernes, 30 de diciembre de 2016

Último día del año

Está a punto de llover, o por lo menos la presión atmosférica es tal que parece que en cualquier momento el cielo va a reventar. Hace calor, pero claro, en este hemisferio es verano. El último día del año debe ser muy distinto al que tienen en otras latitudes con frío, nieve y gente buscando el abrigo de una chimenea. Por aquí parece que estamos dentro de la chimenea, ardiendo. El ventilador gira a toda velocidad sobre su eje y en la radio suena una música de Maroon 5. En la calle los autos pasan raudos, pero aquí dentro de la librería el silencio se mese sin prisas entre los libros.
Mientras la voz suave y sensual de Adam Levine cantaba una canción de amor, yo estaba revisando una gran maleta repleta de libros que acababa de comprar de un cliente.
-Espere voy a sacar los libros de la maleta y le devuelvo su maleta. - dije
El dueño de la maleta, un señor entrado en años negó con la cabeza.
- No, quédesela, esa maleta me trae malos recuerdos y seguramente usted podrá darle algún uso.
Y así me quedé con los libros y la vieja maleta de cuero, desgastada y algo fea.
Quizás conviene decir que estoy a cargo de una tienda de libros usados. Más propiamente, esta tienda, que mi madre había creado hacía más de quince años atrás, era ahora mía. Hacía cinco meses que mi madre había fallecido, mi papá, mis hermanos, hermanas, cuñados, cuñadas, sobrinas y sobrinos aun la llorábamos todos los días, y yo la sentía conmigo en medio de esos libros que ella tanto había querido...
El último día del año,  dentro de una librería de libros usados, puede ser muy distinto a una tienda de ropas donde todo el mundo se agolpa enloquecido para comprar el vestido de moda.  En cambio, si bien había tenido clientes ese día y había hecho una buena venta, en ese momento, como ya dije, reinaba la paz mientras yo revisaba el contenido de la maleta.
Un viejo libro sobre la Guerra del Chaco, tres libros infantiles, dos novelas clásicas, cinco novelas de misterio, un cuaderno de notas bastante ajado y usado que esperaba poder revisar con tranquilidad más tarde, y otro montón de novelas que podía vender a buen precio, ese era el tesoro que escondía el vientre de la maleta. La maleta misma, si la arreglaba un poquito quizás me podría servir como exhibidor...
De pronto, el cascabel de la puerta del negocio hizo ruido cuando alguien la abrió. Me levanté del rincón donde estaba sentada en el suelo revisando la maleta y alcé la cabeza para ver quien llegaba.

(continuará)

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